Nochebuena con el repique de misa, "una caja de sardinas y una botella de coñac"
Tomado de la Nación
Noticias Opinión: http://www.nacion.com/ln_ee/2005/diciembre/24/opinion5.html
Sábado 24 de diciembre, 2005
San José, Costa Rica.
24 de diciembre de 1856
Nochebuena con el repique de misa, "una caja de sardinas y una botella de coñac"
Patricia Fumero
pfum...@ice.co.cr
Historiadora
En el 2006, los costarricenses iniciaremos las celebraciones oficiales del sesquicentenario de la Campaña Nacional (1856-1857), en la cual defendimos el territorio costarricense y apoyamos a los nicaragüenses en la lucha contra los filibusteros, liderados por William Walker. Con el objetivo de prepararnos para la conmemoración, recordaremos algunos de sus pasajes.
La primera campaña (marzo-abril de 1856) terminó después de la batalla de Rivas, el 11 de abril de 1856, y al iniciar la peste del cólera. El cólera estuvo presente en el istmo hacía varias décadas, pero la distribución geográfica de los asentamientos costarricenses actuó como una especie de cordón sanitario y frenó la entrada de la enfermedad al Valle Central. Esta circunstancia varió al regresar las tropas heridas y enfermas de la batalla de Rivas. Para inicios de mayo la peste había asolado poblaciones en el Valle Central. Se calcula que en total murió entre un ocho y un diez por ciento de la población.
Fuerte respaldo. A fines de ese mismo año el presidente Juan Rafael Mora (1849-1859), convencido de que debía reanudar la guerra contra los filibusteros, buscó el apoyo para la nueva ofensiva costarricense. Así, intentó obtener el apoyo del sector popular y el sostén financiero y político de las élites. Lo anterior lo logró después de controlar los problemas de política interna y una vez terminada la epidemia del cólera. El apoyo recibido por Mora parece indicar que en esos momentos contaba con un fuerte respaldo de los costarricenses.
Mora inició la segunda campaña (noviembre 1856- abril 1857) con el siguiente plan: bloquear el puerto de San Juan del Sur; prohibir la navegación del río San Juan mientras duraban las hostilidades; ocupar los puertos de San Juan del Sur y La Virgen; restablecer la comunicación entre estos puertos y Puntarenas; tomar los vapores o destruir aquellos que estuviesen en el río San Juan; tomar del fuerte San Carlos y el Castillo Viejo, y enviar una expedición al río Sarapiquí para destruir el retén filibustero en La Trinidad.
Para lograr tales objetivos, el 3 de diciembre de 1856 salió de San José un grupo de hombres, liderado por el mayor Máximo Blanco, rumbo al muelle de San Carlos. La travesía tardó seis días. Al llegar y bajo un fuerte temporal, se abocaron a construir balsas y arreglar las armas. La situación era tan difícil que el día 15 desertaron 15 soldados. Esta situación obligó a Blanco a embarcar a todos los soldados en las diferentes balsas para evitar más deserciones; mas algunas se rompieron y tuvieron que repararlas. Además, una correntada se llevó la balsa de los cañones y armas y dejó a pie a 70 hombres. Este grupo pudo unirse al resto de la expedición hasta el 25 de diciembre. Posteriormente la balsa del armamento fue encontrada por un nicaragüense, quien la escondió de los filibusteros y la entregó al ejército costarricense.
Pese a las complicaciones lograron acercarse a La Trinidad. Precisamente las circunstancias y el desánimo de algunos impulsaron a uno de los comandantes del grupo, don Joaquín Fernández, a ofrecer en nombre del Gobierno un premio de 500 pesos al soldado que se destacara en el ataque. Bajo el mando de Blanco se abalanzaron sobre el campamento filibustero. La acción duró alrededor de 40 minutos, murieron más de 60 filibusteros y tomaron a dos como prisioneros. Una vez asegurado el objetivo, salieron rumbo a San Juan del Norte con unos 45 soldados.
Ruta del tránsito. Controlar la ruta del tránsito y en especial San Juan del Norte era necesario para cortarle las provisiones al filibustero; además, era la ruta utilizada por los mercenarios que venían a engrosar las filas de Walker procedentes de los Estados Unidos. Al llegar el ejército expedicionario costarricense lograron tomar cuatro vapores, tres de los cuales estaban vacíos. En el cuarto vapor sorprendieron dormidos a los filibusteros; con esta acción lograron dominar la situación.
Noticias Opinión: http://www.nacion.com/ln_ee/2005/diciembre/24/opinion5.html
Sábado 24 de diciembre, 2005
San José, Costa Rica.
24 de diciembre de 1856
Nochebuena con el repique de misa, "una caja de sardinas y una botella de coñac"
Patricia Fumero
pfum...@ice.co.cr
Historiadora
En el 2006, los costarricenses iniciaremos las celebraciones oficiales del sesquicentenario de la Campaña Nacional (1856-1857), en la cual defendimos el territorio costarricense y apoyamos a los nicaragüenses en la lucha contra los filibusteros, liderados por William Walker. Con el objetivo de prepararnos para la conmemoración, recordaremos algunos de sus pasajes.
La primera campaña (marzo-abril de 1856) terminó después de la batalla de Rivas, el 11 de abril de 1856, y al iniciar la peste del cólera. El cólera estuvo presente en el istmo hacía varias décadas, pero la distribución geográfica de los asentamientos costarricenses actuó como una especie de cordón sanitario y frenó la entrada de la enfermedad al Valle Central. Esta circunstancia varió al regresar las tropas heridas y enfermas de la batalla de Rivas. Para inicios de mayo la peste había asolado poblaciones en el Valle Central. Se calcula que en total murió entre un ocho y un diez por ciento de la población.
Fuerte respaldo. A fines de ese mismo año el presidente Juan Rafael Mora (1849-1859), convencido de que debía reanudar la guerra contra los filibusteros, buscó el apoyo para la nueva ofensiva costarricense. Así, intentó obtener el apoyo del sector popular y el sostén financiero y político de las élites. Lo anterior lo logró después de controlar los problemas de política interna y una vez terminada la epidemia del cólera. El apoyo recibido por Mora parece indicar que en esos momentos contaba con un fuerte respaldo de los costarricenses.
Mora inició la segunda campaña (noviembre 1856- abril 1857) con el siguiente plan: bloquear el puerto de San Juan del Sur; prohibir la navegación del río San Juan mientras duraban las hostilidades; ocupar los puertos de San Juan del Sur y La Virgen; restablecer la comunicación entre estos puertos y Puntarenas; tomar los vapores o destruir aquellos que estuviesen en el río San Juan; tomar del fuerte San Carlos y el Castillo Viejo, y enviar una expedición al río Sarapiquí para destruir el retén filibustero en La Trinidad.
Para lograr tales objetivos, el 3 de diciembre de 1856 salió de San José un grupo de hombres, liderado por el mayor Máximo Blanco, rumbo al muelle de San Carlos. La travesía tardó seis días. Al llegar y bajo un fuerte temporal, se abocaron a construir balsas y arreglar las armas. La situación era tan difícil que el día 15 desertaron 15 soldados. Esta situación obligó a Blanco a embarcar a todos los soldados en las diferentes balsas para evitar más deserciones; mas algunas se rompieron y tuvieron que repararlas. Además, una correntada se llevó la balsa de los cañones y armas y dejó a pie a 70 hombres. Este grupo pudo unirse al resto de la expedición hasta el 25 de diciembre. Posteriormente la balsa del armamento fue encontrada por un nicaragüense, quien la escondió de los filibusteros y la entregó al ejército costarricense.
Pese a las complicaciones lograron acercarse a La Trinidad. Precisamente las circunstancias y el desánimo de algunos impulsaron a uno de los comandantes del grupo, don Joaquín Fernández, a ofrecer en nombre del Gobierno un premio de 500 pesos al soldado que se destacara en el ataque. Bajo el mando de Blanco se abalanzaron sobre el campamento filibustero. La acción duró alrededor de 40 minutos, murieron más de 60 filibusteros y tomaron a dos como prisioneros. Una vez asegurado el objetivo, salieron rumbo a San Juan del Norte con unos 45 soldados.
Ruta del tránsito. Controlar la ruta del tránsito y en especial San Juan del Norte era necesario para cortarle las provisiones al filibustero; además, era la ruta utilizada por los mercenarios que venían a engrosar las filas de Walker procedentes de los Estados Unidos. Al llegar el ejército expedicionario costarricense lograron tomar cuatro vapores, tres de los cuales estaban vacíos. En el cuarto vapor sorprendieron dormidos a los filibusteros; con esta acción lograron dominar la situación.
A eso de las siete de la noche y después de varios días de andar por los caminos y luchar contra el enemigo y la naturaleza, el ejército expedicionario costarricense logró salir con los vapores río arriba; sin embargo, a corta distancia se vararon. A la mañana siguiente y después de horas de trabajo, lograron continuar su marcha. Ese día era el 24 de diciembre de 1856. Esa noche, cansados, celebraron los acontecimientos con el repique de la misa de Nochebuena y con "una caja de sardinas y una botella de coñac".

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